22.8.11

Emeterio Cerro / El Salvatierra


El salvatierra
Grupo Editor Latinoamericano, 160 páginas / 1º edición


Licenciado en psicología y egresado del Instituto Superior de Arte del Teatro Colón como régisseur de ópera, Emeterio Cerro (llamado en realidad Héctor Medina) realizó cursos de perfeccionamiento en lingüística en la Universidad de la Sorbona, en París. Residió en París a partir de 1986. Estuvo casado con la cantante Ada Matus, hija de Mercedes Sosa y Oscar Matus. En 1983, formó una compañía teatral a la que le puso como nombre “La Barrosa”. Nunca se olvidaba de su tierra natal. Con esa compañía teatral dio a conocer títulos donde reflejó su creatividad. Entre las obras que estrenó se cuentan La Juanetarga, El Cuis Cuis, La Julietada, La Magdalena del Ojón, El Bollo, Doña Ñoca, La Tullivieja, La Dongue, y Las Guaranís. Escribió tres novelas: Las Ecogógicas, La Bulina y El Salvatierra. Escribió varios y variados libros de poemas: El Bochicho, Las Amarantas, El Charmelo, Aguasmadres, El Bristol, Vaca Entalcada, entre otros.

Colaboró en revistas literarias y periódicos como Último Reino (Argentina), El Porteño (Argentina), Ovación (Colombia), Dimensão (Brasil), Empireuma (España), Gemma (España), Akcent (Polonia) y Les Cahiers du Sud (Francia). Se lo considera perteneciente al grupo neobarroco entre los que se encontraban Severo Sarduy, Néstor Perlongher, Arturo Carrera, Tamara Kamenszain, y Osvaldo Lamborghini.
Quienes lo conocieron dicen que era un hombre pasional e histriónico por naturaleza; que era imposible no sentirse atrapado por su personalidad; que era muy humilde, exultante pero tímido, querible; que vivió con mucha intensidad. La poeta María Lilian Escobar dijo que la poesía de Emeterio sustenta una exuberante mitología ambientada en la región pampeana. La nutre, o sea, agranda la mitología ya instalada en las pampas, alimenta y sostiene a la historia. Su libro de poemas más conocido se llama La Barrosa, el cual comprende dos largos poemas armados sobre estructuras musicales, a partir de la repetición y variación de sonidos, en los que la lógica que sostiene el discurso es estrictamente fónica. En el poema aparecen referencias ineludibles para el ojo balcarceño. Está la sierra majestuosa, su mordisco, y la cruz, “mi cruz” como dice Emeterio. Este poema fue traducido al inglés como Miss Murkiness, en el departamento de estudios latinoamericanos de la Universidad de Boston, Estados Unidos.

El poeta Arturo Carrera, le dedicó un poema, llamado “Emeterio Cerro”, donde dice: Un títere angelical, si / y después su / remordimiento teatral / ululante / los incontados gozos / sin cantidades. / Y el dolor, / sí / sin límites / de un asombro pequeño / en lo asombroso. Carrera había publicado un libro junto a Emeterio: Retrato de un albañil adolescente & Telones zurcidos para títeres con himen (Último Reino, Buenos Aires, 1988). Este libro despertó amores y rechazos.

El escritor César Aira, en una nota publicada en la revista Babel (18 de agosto de 1990), defiende a Emeterio de los ataques de los escritores, que como C. E. Feiling, maltrataban y no comprendían la profundidad de los experimentos poéticos de Emeterio. Dice de él: “El que no ama a Emeterio Cerro no ama a la literatura, así de simple es”. Aira afirma que estos libros con la apariencia de no tener pies ni cabeza, son una suerte de test, una prueba de fuego que revela la esencia primigenia de la poesía a la gente que cree que la literatura puede ser una actividad inocua, o un deber escolar bien hecho, o un instrumento de prestigio; a los que creen que puede no ser un extremismo; que se puede ser artista y seguir perteneciendo a la sociedad, e incluso gozar de lo mejor de dos mundos. Que se puede ser una gran artista y no sufrir escarnios. Para Aira, los que maltratan a la literatura de Cerro cometen un gran error. Y afirma que con el tiempo la literatura de Cerro se liberará de las cadenas de la vanguardia que atrofia; su poesía se hará cada vez más comprensible, más reveladora, pero lo que verdaderamente importa es su calidad de presente. Emeterio Cerro falleció en Buenos Aires el 12 de diciembre de 1996.

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